Devoción
«Nosotros plantamos, Dios hace crecer»
1 Corintios 3:6-7 · Por el pastor Anthony Phiri
«Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento».
1 Corintios 3:6-7, RVR60
Gracia y paz a ustedes.
El agricultor sabio no siembra maíz en la estación seca. Primero limpia el terreno, prepara la tierra, selecciona buena semilla y espera las lluvias. Después de sembrar, desyerba, protege y vigila. Sin embargo, después de todo su trabajo, el agricultor no puede obligar a la semilla a germinar. Se acuesta sin saber cuál será la cosecha. Confía en el sol, en la lluvia y en la tierra, cosas que están fuera de su control.
Esa es exactamente la imagen que Pablo nos presenta en 1 Corintios 3. La iglesia de Corinto comparaba a sus maestros: «Yo soy de Pablo». «Yo soy de Apolos». Medían a los obreros humanos como si la cosecha dependiera de la personalidad o de la elocuencia.
Pablo los corrige. «Yo planté». Esa fue mi temporada. Yo llegué primero con el Evangelio. «Apolos regó». Esa fue su temporada. Él vino después, para nutrir e instruir. Pero Pablo lo dice con claridad: ni el que planta ni el que riega es la razón del crecimiento.
¿Quién lo es? Dios. Solo Dios abre los corazones. Solo Dios hace que la fe eche raíces. Solo Dios trae la cosecha.
Hermanos que enseñan en nuestros seminarios y universidades, este texto nos habla directamente. Preparamos nuestras clases. Investigamos. Oramos sobre nuestras devociones. Acompañamos a los estudiantes hasta entrada la noche. Damos ejemplo de vida pastoral y de sana doctrina. Hacemos la obra de «plantar» y «regar».
Pero debemos recordar algo: no podemos producir la fe. Podemos presentar a Cristo con claridad, pero solo el Espíritu Santo puede renovar el corazón de un estudiante. Podemos enseñar homilética, pero solo Dios puede hacer fiel a un predicador. Podemos capacitar en consejería, pero solo Dios puede hacer compasivo a un pastor.
Esta verdad hace dos cosas en nosotros:
- Nos humilla. Somos colaboradores, no dueños de la cosecha.
- Nos libera. No somos responsables de los resultados, sino de la fidelidad.
Dios sigue haciendo crecer a su iglesia
El mismo Señor que obró en Corinto obra hoy en los seminarios luteranos. Mientras enseñamos, predicamos y hacemos discípulos, Dios añade personas a su iglesia. Se están reuniendo almas. Se están formando futuros pastores, no por nuestra habilidad, sino porque Dios está obrando.
Cristo nos dio el mismo mandato en Mateo 28:19-20: «Id, y haced discípulos a todas las naciones… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días». Vamos. Enseñamos. Plantamos. Regamos. Y Cristo mismo cuida y salva.
Que sirvamos con diligencia y sin orgullo. Que confiemos a Dios el crecimiento que aún no podemos ver. Pidamos al Espíritu Santo que guíe cada clase, cada lección y cada conversación, para que solo Cristo sea formado en aquellos a quienes enseñamos. Amén.
Oración
Padre todopoderoso y bondadoso:
Nos inclinamos ante ti con gratitud, conscientes de que toda semilla que plantamos y todo esfuerzo que hacemos en tu viña encuentran su vida y su poder solo en ti. Como está escrito, nosotros podemos plantar y otros pueden regar, pero eres tú, oh Dios, quien da el crecimiento.
Señor Jesús, te damos gracias por el acto de amor más grande: entregaste voluntariamente tu vida en la cruz para salvarnos a nosotros, los seres humanos. Por medio de tu sacrificio nos redimiste del pecado y nos diste vida nueva. Gracias a tu muerte y resurrección, la semilla del Evangelio tiene vida y nuestro trabajo en ti no es en vano.
Enséñanos a servir con fidelidad, sin buscar reconocimiento, conscientes de que los resultados te pertenecen. Quita el orgullo de nuestro corazón cuando veamos fruto, y quita el desánimo cuando no lo veamos. Ayúdanos a trabajar juntos en unidad: a plantar, a regar y a confiar en ti para la cosecha.
Que nuestra vida, nuestro ministerio y nuestra iglesia reflejen el amor desinteresado de Cristo, quien se entregó por nosotros. Que cada vida transformada, cada alma salvada y cada obra que prospera den gloria solo a tu nombre, porque tú eres quien hace crecer todas las cosas.
En el nombre poderoso de Jesucristo, nuestro Salvador, Amén.

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